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- ¿Y tú de mayor qué quieres ser? ¿Qué tienes pensado?
- ¿Yo? Tertuliano, sin ninguna duda.
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El chico, podía haber dicho que de mayor quería ser un prestigioso y adinerado futbolista, una cotizada estrella del rock o el investigador que internacionalmente es admirado por la comunidad científica al descubrir la vacuna contra el SIDA o el remedio contra el cáncer. Pero… ¿En qué otro trabajo a uno le permiten hablar mal de todo el mundo, vaticinar el inicio de la Tercera Guerra Mundial, comentar el embarazo de alguna famosilla de alto standing, pedir la dimisión de un ministro, analizar la crisis del Real Madrid y todo ello sin despeinarse y antes de tomarse el primer café de la mañana? En mi opinión, sólo puedes conseguirlo si eres un tertuliano "profesional".
Pero como en un recorrido por las áridas dunas del desierto en Namibia, el camino es largo y tortuoso. No basta con ser un tertuliano de barra de bar, de esos que están con el oído puesto en todas las conversaciones de los demás para entrar al trapo en cuanto pueden apostillar algo y que terminan por convertirse en el terror de todos los parroquianos. Para participar en las tertulias de análisis político de nuestras radios y televisiones hay que arriesgarse más, no limitarse a comentar la realidad, los problemas de la gente o el precio de los tomates que venden en la tienda de abajo. No. Para acceder al difícil mundo de la tertulia profesional hay que ser creativos, imaginando hechos que no ha sucedido pero que sucederán (quizá en un realidad paralela), sacar punta al dedo acusador para señalar al culpable de todos los males ("el que abrió la caja de Pandora está entre nosotros y tú sabes quién es"), pedir cuatro o cinco dimisiones por tertulia (aleatoriamente, qué más da), declarase independiente y libre de cualquier mancha de nacimiento, buscar conspiraciones (si hay una colilla es porque alguien ha fumado), creerse un ser superior a la media ("pobres mortales, si no es por mi de qué os ibais a enterar") y la más importante de todas, no ser tan estúpido como para meterse con la empresa que abona los servicios prestados (no te metas con Polanco si trabajas en la SER, los obispos si estás en la COPE, con el botillo del Bierzo si colaboras con Luis del Olmo, etc.).
Aplicando todas estas reglas básicas, a las que podríamos añadir muchas más, podrás apropiarte de un extraño verbo que el castellano debió rehusar en su momento, "polemizar". Los polemistas, ¡qué gran estirpe!. No respetarás ni las mínimas reglas del lenguaje, cuando no hables de "tullidos" como Margarita Saéz Díaz en el programa "59 segundos" en referencia a las víctimas del terrorismo, dirás que España se ha balcanizado. Un poco de corrección, que los Balcanes quedan muy lejos, en todo caso se habrá mesetizado o iberizado.
Vigías de Occidente, pueden esclarecer cualquier asunto sin miedo a equivocarse y no por estar en posesión de la infalibilidad papal, que esa es del Papa y de nadie más, sino porque nadie les ha pedido responsabilidades nunca. Al más puro estilo constitucional, son irresponsables de sí mismos, únicamente están opinando, qué importa lo que se difame, perjudique, alerte o simplemente aburra. ¿Alguien conoce el caso de algún tertuliano que haya dimitido por sus declaraciones?
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- ¿Por qué tertuliano?
- Parece fácil, y pagan bien ¿no? Además, puedo meterme agusto con la gente sin que peligre mi trabajo.
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