…y el líquido elemento
hizo reverberar las sedientas hojas secas,
con la intensidad que da la luz del rayo,
saciando su asfixiante sed.
Y la tierra olió a mojado
Y mi espíritu se fundió en ella,
Sintiendo con gran estremecimiento
Mi carne húmeda,
Y anegada de una misteriosa felicidad
lloré largamente
¡Todo era tan hermoso y natural!
Ese día de agosto
Lleno de un ambiente tibio y sutil
Se quedó conmigo
Muy dentro de mí
Para siempre.
Mi estado anímico floreció
Y teñido del aura del momento
Me entretejí con la madre
Naturaleza
Y, desde esa altura
Ví la pequeñez de lo mundano.
Y quise estar así, para siempre,
En ese estado perfecto de salud,
Mas cuando llegó la hora de la cena,
La materia pidió pan,
Volviéndome a meter en el sistema,
Pero esta vez meditando
Que hay hermosos oteros verdes para volar
Sin dejar de pisar la tierra.

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